Gsu Veiga

«Algunas historias empiezan con un cadáver. Otras con un secreto. Todas con una mentira»

El feliz rechazo

Cuando empiezas a escribir te surgen un montón de dudas. ¿Sabré hacerlo? ¿A los demás les gustará? ¿Tengo el nivel suficiente? ¿Es interesante lo que cuento? Yo añadiría una más: ¿Tengo la paciencia necesaria?

La paciencia, desde que empecé a escribir Tuktuk to Spain, y más tarde XXXXXX, (lo siento, es que aún no puedo decirlo, esa parte os la cuento más adelante), ha demostrado ser, en mi caso, la verdadera dificultad en el proceso de escritura.

Yo no tengo una bola de cristal para saber como escriben los profesionales, y por conversaciones por otros escritores primerizos, o no primerizos pero sí autopublicados con los que he hablado, puedo apenas intuir cuales son las dificultades a las que se enfrenta cada uno de ellos con un borrador entre las manos: la página en blanco, el bloqueo, la distribución, el alcance, la promoción… pero insisto, para mí, la verdadera batalla está en la paciencia en múltiples formas.

Está en primer lugar esa urgencia por terminar, por volcar en el papel esa idea que a priori te parece buena, y te sientas ante el monitor a «vomitar» todo aquello que crees que encaja y que aporta y… apenas llevas cuatro folios escritos y comprendes que el proceso va a ser muy largo.

Después están los limites temporales. Te pones a escribir como un loco. De una sentada 4000 o 5000 palabras. Te levantas a las 4 de la mañana con insomnio porque tu cabeza no quiere descansar y te pones a redactar… y cuando son las 6 te das cuenta de que no eres capaz de escribir nada más, que la silla parece querer destrozar tus riñones, que la música de Youtube, y sus putos anuncios, entorpece más que ayuda y… asumes que de haber dormido hasta las 6, habrías sido más productivo.

También está el tema de la mens sana in corpore escombro, a lo mejor soy yo, pero escribir engorda. Como mientras escribo, y las horas frente al ordenador, en el trabajo y ante el manuscrito, tienen un precio.

Este tipo de cosas ponen a prueba mi paciencia y mi salud mental, pero hay una que se lleva la palma: las esperas. La espera desde que terminas tu manuscrito y los lectores beta dan su veredicto, la espera desde que terminas el manuscrito hasta que tu corrector/a te lo devuelve con el informe (GRACIAS a todos vosotros por vuestro trabajo) y, sobre todo, la espera desde que lo envías a un concurso literario o una editorial y tienes la respuesta, eso es lo peor.

Lo poco que conozco del mundo editorial me dice que, salvo que decidas desde un principio ir a la autopublicación, terminado el manuscrito, cada paso que das buscando una publicación se transforma en una espera indefinida que, casi nunca tiene respuesta. Lo único que puedes hacer es enviar tu manuscrito y marcarte un plazo de X meses para considerar que ante un silencio, debes interpretar un rechazo. Con Tuktuk to Spain, la impaciencia me jugó una mala pasada: interpreté el silencio como rechazo, firme con ExLibric para autopublicar y, una vez firmado y activado el mecanismo de edición, me llegó vía mail la aceptación por parte de una editorial tradicional, pequeña, sí, pero tradicional. ¿Qué habría pasado de haber esperado una semana más?

Por todo lo anterior, estoy muy feliz de poder afirmar que, hace un par de días, recibí un amable correo de rechazo de una editorial gallega para uno de mis proyectos. Puede que suene extraño, pero para alguien como yo, un rechado formal significa una certeza, tachar una casilla en mi check list mental, decir; «hasta aquí, a otra cosa», y eso, de verdad os lo digo, es una gran noticia.


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