Como ya os había contado, hace algo más de un mes que subí mi borrador con títuno XXXXXX (me encantaría compartirlo, en serio, pero me he presentado con pseudónimo, perdón), al concurso de novela de la Fundación Policía Nacional. El concurso me queda grande, eso seguro, y no aspiro a ganar, pero tener un objetivo me ayuda a mantener una rutina de trabajo y a respetar un cronograma. Hasta ahí todo bien, pero desde el día 15 de junio que, si mal no recuerdo, terminó el plazo de entrega de manuscritos, ahora para los participantes atravesamos un largo período de espera hasta que se conozca el ganador, más o menos por septiembre.
Mientras le doy forma al siguiente proyecto, estoy ultimando los detalles para la reedición de Tuktuk to Spain. Hoy, como se muestra en el vídeo, tocaba maquetar… No es tan fácil como parece, pero en ello estamos.
Poquito a poco os iré contando los avances de la reedición. De momento, ya os adelanto que tengo el nuevo ISBN, y ya he tramitado la solicitud del depósito legal. Por lo que ahora tengo hasta el 12 de agosto, como máximo, para tener cinco copias impresas en papel y así terminar el proceso. Si todo va bien, a finales de agosto el Tuktuk reemprenderá la marcha.
En la última década, las redes sociales han dejado de ser simples canales de entretenimiento para convertirse en plazas públicas donde se debate la moralidad, la ética y la justicia. En este ecosistema hiperconectado, ha emergido con fuerza un fenómeno que polariza a la opinión pública global: la cultura de la cancelación.
Lo que comenzó como un mecanismo legítimo para exigir responsabilidad a figuras poderosas se ha transformado, para muchos, en un tribunal digital implacable. Pero ¿dónde está el límite entre la justicia social y el linchamiento virtual?
El Origen: Una herramienta del activismo social
Para entender la cancelación, es necesario mirar hacia sus raíces. El concepto no nació en los algoritmos modernos, sino en comunidades digitales (particularmente dentro del Black Twitter) y movimientos sociales como el #MeToo o Black Lives Matter.
En su origen, «cancelar» a alguien —ya fuera una celebridad, un político o una corporación— era un acto de boicot pacífico y colectivo. Representaba una herramienta democrática sin precedentes: permitía que minorías históricamente silenciadas o ciudadanos de a pie pudieran señalar abusos de poder, racismo, machismo o discriminación que de otro modo habrían quedado impunes en los sistemas judiciales o corporativos tradicionales. Era, en esencia, obligar al poderoso a rendir cuentas ante el público.
La Mutación: El tribunal moral de internet
Sin embargo, a medida que las dinámicas de plataformas como X (antes Twitter), TikTok e Instagram se volvieron más viscerales, el fenómeno mutó. Hoy en día, la cancelación rara vez se limita a retirar el apoyo económico o el follow a una marca; a menudo se convierte en campañas masivas de descalificación y acoso.
El principal problema del ecosistema digital actual es la velocidad y la falta de matices. En las redes sociales, los juicios se deliberan en minutos. No existe la presunción de inocencia, ni filtros editoriales, ni espacio para el contexto. Un comentario desafortunado de hace diez años extraído de su contexto original, o una frase malinterpretada en un vídeo de quince segundos, pueden ser suficientes para activar la maquinaria del linchamiento digital.
Sociólogos y psicólogos advierten que la cancelación suele operar bajo una «mentalidad de rebaño». El algoritmo premia la indignación y el conflicto, lo que empuja a los usuarios a sumarse a la masa punitiva para demostrar su propia rectitud moral ante su comunidad, muchas veces sin verificar la veracidad o la gravedad de la acusación.
Consecuencias: Autocensura y el fin del debate sano
El impacto de este fenómeno va mucho más allá de la pérdida de seguidores o de contratos publicitarios para las celebridades. En el ciudadano común, la cancelación puede traducirse en la pérdida de empleo, el aislamiento social y un deterioro severo de la salud mental.
Uno de los efectos secundarios más preocupantes es la autocensura. Estudios recientes revelan que un porcentaje cada vez mayor de creadores de contenido, intelectuales, académicos y usuarios habituales prefieren callar o no opinar sobre temas complejos por temor a ser malinterpretados y cancelados.
Cuando el miedo al castigo digital bloquea el pensamiento crítico, la sociedad pierde. Como recordaba el poeta y filósofo Paul Valéry, el verdadero reto de la convivencia humana es «dejar de abolir lo disonante». El progreso social siempre ha dependido de la capacidad de debatir ideas incómodas, no de erradicar a quienes las pronuncian.
Las Dos Caras de la Moneda
Para evaluar la cultura de la cancelación de manera objetiva, es útil contraponer sus dinámicas en la siguiente balanza:
A favor (Justicia y Responsabilidad): Democratiza la denuncia, visibiliza problemáticas estructurales (como el acoso o la discriminación) y obliga a las grandes corporaciones y figuras públicas a alinearse con valores éticos.
En contra (Punición Directa): Fomenta la polarización extrema, castiga con la misma severidad un error discursivo que un delito grave, y no contempla la evolución temporal ni el aprendizaje de los individuos.
¿Existe espacio para la redención?
El gran vacío de la cultura de la cancelación es que no ofrece una ruta de salida. Si una persona comete un error, pide disculpas genuinas y muestra una voluntad real de cambio, el entorno digital rara vez lo perdona. La sentencia suele ser perpetua.
Castigar el error sin dar espacio al aprendizaje genera sociedades más hostiles y menos empáticas. Si el objetivo de señalar una mala conducta es mejorar el entorno social, la pedagogía y la oportunidad de enmienda deberían ser prioritarias frente al castigo eterno.
Conclusión
La cultura de la cancelación es un reflejo de nuestro tiempo: una herramienta con un enorme potencial democratizador que, mal gestionada, puede convertirse en un arma de opresión psicológica.
El desafío de la ciudadanía digital de cara al futuro no es dejar de señalar las injusticias, sino aprender a hacerlo sin deshumanizar al otro. Exigir responsabilidad es necesario; sustituir el debate por la ejecución civil y virtual es un retroceso. En un mundo donde cualquiera puede ser el próximo «cancelado», la empatía, el beneficio de la duda y la proporcionalidad son más urgentes que nunca.
Y tú: ¿crees que la cancelación digital se nos ha ido de las manos o por el contrario es un mal menor que debemos asumir?
Comienza la cuenta atrás. Con mayo llega el final de Tuktuk to Spain. Ha sido un año increíble. El libro ha funcionado muy bien, he tenido la suerte de poder presentarlo en Santiago de Compostela, Sevilla, Murcia. Lo estuve promocionando en la Feria del libro de Sevilla, en el Libro Forum de Murcia… pero todo se acaba. Antes de que termine el mes, TUKTUK TO SPAIN dejará de estar a la venta.
Por eso, y por tiempo limitado, tienes la ocasión de conseguir tu ejemplar al increíble precio de 12 euros, con marcapáginas, dedicado, y con envío gratis. ¡¡¡No lo dejes escapar!!!
La verdad es que al principio no le hice mucho caso al tema, pero creo que es bueno contarlo.
Hace unos días, concretamente el ocho de marzo, compartí en Instagram la foto de la portada del libro Tatuaje, de Vázquez Montalbán, que acababa de terminar (buen libro, por cierto). La imagen de la izquierda corresponde a la portada de mi ejemplar, que además de ser feísima, comparte formato con el de los otros 100 libros de la colección, por lo que para que destacase un poco, busqué una portada distinta en internet, y la compartí.
El caso es que apenas media hora después me llegó una notificación de dicha aplicación, el la que se me informaba de que me habían censurado.
Consulté el motivo de la censura y, para mi sorpresa, al parecer resultaba ofensiva por contener pornografía. Con la cara de idiota que se me había quedado, miré el contenido de la norma infringida y, al parecer, la compañía considera ofensivo el mostrar un pezón femenino, siempre que no sea por lactancia o protesta…
Espera, espera, que yo me aclare, más allá de que ni me había dado cuenta de que en la portada había un pezón en una teta flotante, ¿alquien puede asegurar que el susodicho es femenino? ¿no podría pertenecer a un maromo con sobrepeso? No existe un cuerpo detrás de la teta voladora. Pero voy más allá, si el pezón fuese mío, ¿no sería ofensivo? Para aclararnos, el Nipplegate de Janet Jackson en la Super Bowl XXXVIII, mal, una protesta de FEMEN, bien. Ya lo pillo, al final, el 8M de 2026, le voy a tener que dar la razón a Rigoberta Bandini con «Mamá, mamá, mamá», aunque yo prefiriese a las Tanxugueiras.
Es emocionante estar aquí de nuevo. Acabo de terminar el borrador de la que va a ser mi segunda novela y empieza la que supongo es la fase más difícil del proceso, la de leerla de nuevo y testearla para ver si todo está en su sitio y fluye como debe, o si te has venido muy arriba y te toca dar dos pasos atrás, reescribiendo fragmentos y eliminando capítulos irrelevantes. Revisar tu trabajo es lo normal, pero es difícil ser objetivo. A esto hay que añadirle que el cerebro es capaz de c0s4s m4r4v1ll0s4s, como de corregir los errores que has cometido, volviéndolos invisibles y ahí es cuando entráis los lectores beta. Si quieres ser parte del proceso, desde ahora, y hasta el mes de mayo, tienes la oportunidad de leer mi novela antes que nadie, y dar tu sincera (y despiadada) opinión. Te prometo una buena dosis de tensión y entretenimiento. Si te apetece, no dudes en enviarme un mensaje.
Hace un par de días que @evalispm publicó esta foto en Instagram y ya se me está haciendo la boca agua. El libro viajero ha llegado a su fin, y es cuestión de días que lo reciba en casa. Estoy impaciente por ver el resultado, y conocer de primera mano las impresiones de las lectoras. Un abrazo y mil gracias a @a.a_neus, @aliali191982, @omeurincondelecer, @anasanchezbes.
El próximo jueves 4 de diciembre tienes una cita en la sección «En primera persona» con Dani Fernández Besteiro, que nos hablará de su libro «Viaje al infierno, primera parada Boston».
El sábado ocho, durante el Libro Forum de Murcia, tuve el placer de mantener una charla con la escritora Elisabeth Kaneth, autora de Baltrium, aquí os dejo el link para que disfrutéis de su obra y su simpatía.
Este sábado os espero en en Libro Forum de Murcia, que se celebra en el Centrro Comercial Thader de 15:30 a 21:00. El evento se constituye como una gran feria de escritores autopublicados, con actividades para toda la familia: charlas, talleres, gincanas literarias…
Allí estaré, junto a otros muchos autores, dando a conocer mi libro, un plan perfecto para una tarde de sábado.
El próximo jueves 06/11 publicaré la entrevista que realicé a Sara Havok, autora del libro «Obsesión». Una pedazo de novela que explora la fina linea que separa el amor romántico del abuso emocional y la necesidad de control.